El mundo hoy se mueve en torno al conocimiento, distribuido de forma dispareja, y sobra decir, poco aclimatado en los países subdesarrollados. El nuevo contexto socioeconómico se caracteriza por la producción, distribución y uso del factor conocimiento. Los elementos intangibles están incrementando su importancia en detrimento de los factores de producción clásicos que hasta el momento habían sido definitorios de las economías más avanzadas; esto es: trabajo, maquinaria, instalaciones, etc. El principal capital de las empresas no son las máquinas y los equipos, son las neuronas activables de su gente. Raymond Prada afirma que “cada persona, a su propia manera, agrega valor al mundo” (PRADA 2003)[1].
Los miles de millones de neuronas de la gente forman un universo, una gran sociedad del conocimiento que se basa en la sociedad del aprendizaje. Y esta es posible haciendo que todos los ciudadanos sean aprendices permanentes a lo largo de su vida. Los instrumentos cognitivos permiten adquirir nueva y cambiante información, nuevos y diferentes roles profesionales sociales, destrezas y habilidades diversas y más sutiles y tecnificadas y, en la esfera más personal, actitudes y valores capaces de producir adaptaciones a cambios probablemente profundos y distintos a muchos de los adquiridos en la infancia o adolescencia.
La capacidad para “aprender a aprender” es la herramienta más eficaz para afrontar un destino con las características anotadas. Se requiere cada vez más amplios conocimientos pero eficaces, versátiles, unidos a una gran capacidad de autorregulación en los intereses, la motivación y las estrategias para nuevas situaciones, es decir se requiere la educación continua.
La educación mediante las nuevas herramientas tecnológicas está llamada a desarrollar nuevas posibilidades educativas hasta este momento inéditas o escasamente entendidas y atendidas. Se irá constituyendo en un poderoso entorno de aprendizaje que irá sustituyendo progresivamente, en muchas de sus funciones actuales a la educación tradicional. La escuela y la universidad tendrán que abrirse más a las condiciones y prescripciones de un mundo permeable e instantáneo en el acceso a la información pero más complejo y especializado en la selección de la misma.
Los maestros se encontrarán –se están encontrando- con aprendices que acceden con ventaja desde sus domicilios al ciberespacio. Navegar por Internet, parece que también trae consigo nuevas y más ágiles formas de buscar, leer intuitivamente, seleccionar, relacionar, organizar información, aplicar la memoria, el lenguaje, asociar contenidos. Más grave aún, la información ahora ya está en los teléfonos móviles, está en las aulas de clase. Hasta ahora el maestro ha podido decir que “copiar y pegar” no proporciona conocimientos, pero los aprendices irán ganando habilidades en esta nueva forma de estudiar.
Para demostrar que el asunto es cada vez más dinámico, ahora la utilización de redes está demostrando que esa forma de actuar estableciendo conexiones, contactos, sinapsis entre cada vez más amplias redes es la forma natural de las neuronas cuyas interacciones crecen y crecen asimilando realidades que a veces se descubren y conocen por azar. El reiterado aprendizaje parece que conduce a algunas de esas habilidades que usan amplios conectores como estrategia de asimilación. Otras muchas formas de aprender serán necesarias para sobrevivir a la información y lograr el conocimiento.
Pero aquí es necesario hacer un paréntesis para auscultar la realidad del entorno particular en el que cada uno se sitúa. Concretamente en Colombia, debe decirse que el conocimiento, la tecnología, los medios no están al alcance de todos. Esto que se puede predicar de Colombia también es válido en amplias capas de la población incluso en países con mayor desarrollo. Lo que obliga a preguntar, ¿cómo será el destino de las personas y también de los pueblos que no gozan de los medios materiales o recursos cognitivos para alcanzar los beneficios de esa tierra de promisión que parece ser la era de la información?
La nueva sociedad del conocimiento, la disparidad del mismo, la nueva conformación de los factores de producción con el conocimiento como el más determinante, las nuevas formas de aprender, la necesaria nueva forma de enseñar, la necesidad de re-aprender permanentemente, la educación a distancia, pero sobre todo la disparidad de acceso a los medios de aprender llevan a la formulación de algunos interrogantes.
- ¿Antes de llegar a la escuela y después de salir, qué nuevas necesidades educativas se generarán?
- ¿Qué estrategias se deben desplegar para satisfacer la creciente demanda de formación y especialización en profesiones altamente cambiantes por su dependencia de la tecnología?
- ¿Los ya egresados de las universidades de qué manera pueden adquirir destrezas prácticas para equipararlas con los recién egresados?
- ¿Cómo se actualizarán todos los egresados en los nuevos conocimientos que no estaban disponibles cuando realizaron sus estudios?
- ¿La muy reciente educación a distancia, tendrá todas las respuestas a estos interrogantes?
Sin duda la educación utilizando las nuevas herramientas tecnológicas es hoy una realidad de la que se está apropiando el mundo empresarial y cada vez más el mundo académico para lograr el cometido de educar a las nuevas generaciones y llegar a un número mayor de personas utilizando las herramientas del mundo moderno y adaptándose a las nuevas formas de vivir que se están imponiendo.
[1] PRADA, Raymond. Creatividad e Innovación Empresarial. Bogotá, Tecno Press Ediciones, 2003. p. 18.